Vaquera, la de los toros y los
caballos, Camarga se impone y desafía el tiempo y el valor.
Domestica, atiza y suscita todas las pasiones. Podemos dejarnos
llevar, hasta perderse la vista, por la inmensidad de las lagunas y
la magia de sus estanques;
.
ENTRE
OLAS Y FAROS
LOS BARCOS ECHAN EL
ANGLA Y SE ACOPLAN
Camarga ama tanto a la gente de
tierra como a los marinos. Salvaje, puede sin embargo volverse
generosa, tierra de asilo, mar de acogida, y cada uno encontrará
aquí lo que espera. Un lugar rico donde uno se siente bien de forma
espontánea, aunque esté de paso.